lunes, 12 de mayo de 2008

Mi pequeña comedia (parte 5)

Ok. una nueva historia... ¿porqué historia? ¿Quién me dio licencia para hacer historias? ¿ok? Ser un pseudoescritor fronterizo en una fatídica y sufridísima clase media baja, trabajar 11 horas los sábados, ¿en qué me convierte? Tengo sucios los dedos, ¿es eso parte de ser un escritor? Podría narrar la historia de un escritor, que cumpla con todos los aburridos protocolos que conforme y obediente sigo. Dejarme crecer la barba. Maldita sea ¿por que soy lampiño? Mal presagio. Bueno Octavio Paz era lampiño, podría ser como él. ¿quiero ser como Octavio Paz? No lo sé, no lo he leído lo suficiente para poder decir. Debería leer mas. Leer para escribir. ¿me estaré quedando ciego? ¿Qué tal si un día no puedo escribir? Dejaría de ser escritor. Podría dictarle a alguien las ideas. ¿no podría hacer eso ahora? ¿Quién es el escritor? El que carga con su libreta amarilla donde anota infinidad de estupideces? El que tiene los dedos sucios de comer comida chatarra. ¿Comer comida? Un escritor debe cagarse en las reglas gramaticales. Un escritor tiene que usar el verbo cagar para dar calidad a su texto? Tiene que comer hamburguesas y tomar nota de sus brillantes ideas en una servilleta para que los demás lo vean. ¿11 horas de trabajo los sábados son suficientes para decir que mi vida es una mierda? ¿No es ese un recurso sobreexplotado? Ósea la idea de la vida como mierda. ¿No sería más recompensante escribir algo con algún tipo de enseñanza o moraleja? Por que no puedo dejar de escribir líneas mas allá de “te amo puta” tomemos la foto de la propia vida, un tipo como yo, que tenga una casa rosa, muchos sillones y nada mas, que se rasque constantemente la cabeza, que se desvele escribiendo, que se enoje cuando alguien interrumpa su “ritual creativo”, que escriba solo en ropa interior, que no use vasos, que no tenga mas que un tenedor que nunca lavará. Que a final de cuentas, después de tanta nausea vomite una nueva versión de Blanca Nieves donde es lesbiana y convive eróticamente con la vieja de la manzana mientras los enanos acarician sus cortos cuerpos y observan la orgiástica faena.

Que triste. Deberia crear un personaje fuerte. Alguien decidido. Que sea una rata, de acuerdo, pero no sigue a ninguna flauta. Eso suena bien, o tal vez alguien que aunque no sea flautista ni toque nada las ratas lo sigan; no, ese soy yo. Un flautista que siga a las ratas. Una rata detective. Lamentable. ¿Rata detective? Ideas, ideas. Necesito un propósito, una metamorfosis. ¿Qué tengo que contar? ¿Qué tengo que decir? ¡Mierda!, nada, no tengo nada. Romance, una historia de amor. No, ya no. Necesito hacer algo distinto: una puta fea, gente gorda, hombres gordos feos con acné, dientes imperfectos con frente de Lex Luthor con vidas rutinarias y repetitivas. Una pareja que graba a su hijo desde la concepción. Una crónica sobre la experiencia de besar a alguien después de un estornudo. Robots budistas que se enfrentan a la incongruencia karmica del universo y desembocan en la guerra final entre Jesucristo y los flautistas.

Antes solia escribir con ganas, por placer. Era un viaje que siempre se renovaba:

¿Es tan difícil? ¿Tan anticuado? ¿Tan absurdo en estos días darle uso a las esquinas?... ¿Es tan atrabancada la idea de caminar por el área peatonal? ¿Es tan inverosímil seguir los convencionalismos sociales?

Para Ella lo era… ya hacia tiempo firmó un tácito divorcio con la urbanidad y sus reglas.

Consideraba las banquetas como un homenaje a la monotonía y se consideraba a sí misma un homenaje al azar y a los recovecos del tan famoso destino.

Ella por lo regular caminaba, le jodia el pensamiento (no tan lejano) de la atrofia de sus músculos por la falta de uso, y siendo mas sinceros el inminente aumento de peso por falta de ejercicio (a pesar de que era muy delgada).

Jamás repetiría una ruta, era su virtud el hecho de inventarse cada día una nueva forma de llegar a su destino; no importaba mucho si acortaba camino o no, la idea era crear, no caer en el aburrimiento.

Sin embargo, había un pedazo de camino que siempre era el mismo, un fragmento de trayecto que sin percatarse del todo pisaba con más entusiasmo, con aires de alegría, con aires de nostalgia, diferente, sin más…

Era un camellón como de doscientos metros, que a su vez tenia unas veintitrés palmeras. Le encantaba pasar por ahí, en especial erradicar la hierba (de esa que crece donde sea) a base de una serie constante de pisotones que con el tiempo se convirtieron en su camino personal.

Aquí una ironía: paralelo al camellón estaba un bello malecón; planeado, adornado, hecho para los turistas, pero aprovechado por los locales. Aun así, a Ella le resultaba mucho mas satisfactorio el “zigzaguear” entre las palmeras que caminar por el dichoso malecón.

Tenia una minuciosa estratificación de cada una de las palmeras; Brenda, sin duda su favorita, era la mas alta.

Ella era morena, morena clara cual café con leche y dos de azúcar. La mayoría del tiempo usaba sandalias con vestido claro, unas veces corto, otras mas corto… era guapa, no había duda, lo sabia, mas no se dormía en sus laureles. Había veces que sentía que su cuello era muy largo, o que sus piernas no correspondían con su tronco, o que por más que se esforzara sus cejas nunca estarían parejas. De ahí que Brenda fuera su favorita.

Había una conexión importante entre Ella, el camellón y las palmeras; era algo íntimo, secreto, casi sagrado. Ella sentía una especie de paz al pasar por ahí, algún tipo de auto encuentro.

Esa fue la historia de muchos días, de muchos meses, y es que ella no necesitaba mas, era tan terapéutico estar “zigzagueando” que no le preocupaba mucho el ruido de los carros y la gente, como tampoco el ruido de su estomago causado por el hambre. Ese cotidianísimo evento la hacia simplemente feliz…

Feliz hasta que en uno de sus “zigzagueos” en lugar de ver a Brenda lo vio a El…

Sorprendida (no todos los días confundes a tu palmera favorita con un perfecto desconocido); indignada (como se pudo atrever semejante pelafustán a invadir su exclusivo, casi elitista lugar de encuentro espiritual, a penetrar su ‘claustroalairelibre’ personal). No pudo pronunciar palabra, había cataclismo de orden gutural; mas allá de aquel colapso, su principal interrogante era conocer el origen y/o significado del hormigueo generalizado de su cuerpo, y el temblor particularizado del tobillo izquierdo…

Había que pensar en frió, no conocía a este personaje, nunca lo había visto, y después de todo no estaba tan segura de querer conocerlo. Y bueno, algo de lo que si estaba segura era del cansancio de ver tanta carita con sonrisa falaz, intención efímera y sin ningún fondo ajeno a la calentura.

Con tanto pensamiento frió Ella no se daba cuenta de que El se perdía entre la gente y el ruido de los carros, que ni siquiera sabia quién o qué era Brenda, que nunca imaginaría que uno de tanto de tantos ruidos era el de su estomago, que no podría saber que era inédita.

¿Y es que es tan difícil? ¿Tan anticuado soñar en estos días?

¿Es acaso tan absurdo darle uso al corazón? ¿Es tan atrabancada la idea de caminar sin ver un par de pasos? ¿Es tan inverosímil seguir la inspiración causada por una mirada?

Para Ella lo era…

Ese fue el primer cuento que escribí, nunca me he atrevido a responder la pregunta de si en verdad tengo talento. Pero cuando lo hice tenia esperanzas, ilusiones. Hoy cambiaría todo el talento del mundo por un sueño del cual pudiera colgarme. Veo esta libreta amarilla y siento que no tengo ni esperanzas, ni ilusiones, ni talento ni nada. ¿Cómo eso podría ser una nueva historia?


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