miércoles, 7 de mayo de 2008

Mi pequeña comedia (parte 3)

Estoy podrido, seguro de que esta noche será una de esas que salgo reptando con mi maletín en mano y su recuerdo en la otra. Sin importar quien sea, si saber donde está, mordiendo a la imaginación para averiguar donde ha estado y que ha sido de todo lo que decidió olvidar, y que yo junto como botes de aluminio y guardo como las ratas guardan basura para hacer sus guaridas. Odio como me queda esta camisa. ¿Cuándo dejé de fajarme a la altura del ombligo para abandonarme por completo a la resignación del cinto a la cadera?, como si fuera cantinflas, pero así sin carisma, seco. Un estomago que cuelga, que no me deja ver lo que me avergüenza, que asco. Debería cortarme el pelo, mi mamá solía decir que el pelo largo no iba conmigo, que se veía sucio, además no dejaba que el agua entrara.

Independientemente del largo me consta que está sucio, son ya tres días sin baño, nadie lo notó en el trabajo, y no estoy seguro de donde viene esa certeza, tal vez de ese hondo sentido de inexistencia que acompaña la grasa acumulada en mi cabello y rostro, ¿será que todos están muy ocupados en sus superfluidades, perfumes, corbatas y charoles?. En cuatro y medio años que tengo en esta oficina no he terminado de aprender por completo como hacer el nudo de mi corbata ni a sonreír auténticamente, no puedo acostumbrarme a ser tan cínicamente plástico, y sin embargo llego a casa y me siento desechable, con ganas de lanzarme a la basura, desperdicio cual reflejo de mi espejo.
Me opongo rotundamente a la posibilidad de que mi tristeza sea producto de la nulidad de presión del elástico de mis calcetines, me rehúso como budista a lo material a que mis pantalones bombachos tengan mi autoestima por debajo del nivel del mar, que el dolor de encías me haga abrir otro bote de cerveza en vísperas de otro maratónico autoflagelo mental. Me opongo y sin embargo sucumbo, me rindo, me entrego ignorante como las vírgenes ansiosas de cariño se entregan al fin de su inocencia al rígido cíclope cuyo dueño briago de lujuria y orgullo animal penetran la carne y agujeran el alma.

¿Qué habrá sido lo que impulsó a mi madre a darme el nombre que dio? Evodio. Será con V o con B. Prefiero pensar que es con V por que asi me alejo un poco de las prolongadas horas de pensamientos autodestrcutores. Por ejemplo el otro dia no pude dormir pensando que mi nombre tenia la dichosa B y me visualizaba dando alguna conferencia donde el fulano que me presentaba decia: con ustedes E-bodrio; despues de eso se desencadenó una lista de tonterias semanticas todo en el nuevo prefijo de moda que era la E. Todo terminó con un presentador gringo que me presentaba como E-diot y yo con una jaqueca frivola. Queria dormir, mi cuerpo me lo exigia y justo cuando mis pestañas vencidas sedian habia una estupida luz que casi ardia. Estaba tan cansado que estaba dispuesto a matar a cualquier vecino que hubiera dejado alguna vendita bombilla encendida, asi que salí de casa con la escoba como señal de que la cosa iba en serio. Era el sol. No lo podia creer, regresé y me senté en el piso a terminar de verlo aparecer.

Espero que esta noche no sea asi... Claro que asi será, si alguien me entrevistara le dijera no moleste soy Ebodrio y estoy podrido.

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