viernes, 25 de abril de 2008
Mi pequeña comedia (segunda parte)
Abres los ojos. suspiro prolongado por el regreso inevitable a tu vida, esa distraída farsa de latidos. Piensas en todos los que están y seguirán dormidos, piensas en toda la gente que descansa los domingos. Piensas en las fatídicas y exageradas 11 horas de trabajo de los sábados. Piensas en Oliverio Girondo y sus domingos de poeta burgués. 8:06 a.m. La pregunta favorita de Frida Kahlo, ¿Dónde pondré la mirada?, tan inmensa, tan profunda, ya no hay tiempo, ya no hay nada... ni siquiera agua para bañarme. Habrá que usar el mismo pantalón, ese trapo percudido por la tierra, y tú propia miseria, y planchar la camisa menos conflictiva. Sales de casa, el sol quema tus lagañas. El motor de tu carro se escucha cada vez peor. ¿Quién maneja su auto con audífonos puestos a falta de estereo? ¿Dónde serán las inscripciones a ese gremio? No importa, la música es la droga menos dañina. Recorres una ciudad dormida, casi muerta. Sin embargo el trafico es atípicamente abundante, tal ves zombies como tu que trabajan los domingos, otro argumento tangible para refutar que eres especial. Dentro de la lista de patéticas justificaciones para seguir con vida encuentras lo más cercano a tu estacionamiento de ensueño. Llegas al trabajo y encuentras el segundo incentivo para estar vivo: la secretaria no ha llegado y eso te coloca como uno de los empleados mas cumplidos y puntuales de la empresa. Piensas en gente como tú que espera que abran su lugar de trabajo, en domingo... eso de regresa al único y huraño aliciente del estacionamiento. Conoces a todos, no hablas con nadie (en ese instante sientes la brisa de esa verdad que te colocará en la cúspide de las estupidez). Miras el reloj un par de veces, suspiras de nuevo, piensas en lo básico, tienes hambre, sientes pedazos de sueño, odias esos momentos de mero desperdicio de tiempo. Donde nada pasa, donde haces ese sollozo esfuerzo por que nada pase, cuando aun sin quererlo te mimetizas y pasas lentamente inadvertido. Escuchas a esas personas que dicen que no hay tiempo perdido, que siempre hay una utilidad, algo nuevo... te burlas de esas personas. Crees que para poder perder el tiempo primero debes tenerlo. Piensas en cicatrices, mujeres con cicatrices, visualizas el único indicio de herida que aceptas en el cuerpo de una mujer es el ombligo, y no cualquier ombligo. Imaginas una mujer con dos ombligos, un abdomen sobrepoblado de grasa que se asoma entre la blusa y el pantalón y exhibe una de varias y grotescas cicatrices que dicho sea de paso no es ninguno de sus ombligos. Piensas en cosas irrelevantes y desagradables, por ejemplo la idea de tu soledad, tan pero tan honda que deja un silencio tan sepulcral que cuando te levantas y vas al baño escuchas vividamente el sonido de la mierda cuando sale de tu esfínter. Piensas ¿que pasa con la gente que se toma fotos ridículas y se adjudica licencias que no le corresponden? ¿se darán cuenta? No será un refugio por demás mediocre, encapsularse con una o dos personas y olvidarse de que hay mas gente. Sabes que suenas de lo peor cuestionándote esto. Hay gente tremendamente fea, gremio del cual hace tiempo te has declarado miembro indiscutible, aun así preguntas: ¿Por qué las putas fotos? En el justo momento en el que la antipatía toma el control del barco sin remos que es tu conciencia empiezan a llover partículas de informacion que poco a poco se reúnen en tu cerebro y una a una las letras se congregan engendrando palabras que en su conjunto te comunicarán la masiva cantidad de idiotez que rodea tu existencia y como cargas el estandarte del descuido desfachatado, de la insaciable desatención de tus actos, de tu inconmensurable falta de interés en la vida. Habían sido varias las señales, unas obvias, otras no tanto, lo que único que tenían en común es que las ignoraste a todas por completo y justo en este momento vislumbras a platón diciendo que aprender es recordar: el horario de verano ha terminado, te lo avisó la televisión que no miras, el radio que no escuchas, y la gente que rechazas, la enmienda no era tan compleja, había que atrasar el reloj una hora, y aunque no tengas reloj debías saberlo, pero no lo sabias, debiste hacerlo y no lo hiciste. Y como bien lo predijo tu conciencia estás en la cúspide de la estupidez, y por supuesto que no estás solo, hay muchas personas en tu misma situación, pero tu los trasciendes, por que a diferencia de ellos tu no tienes esa alegría, esa sonrisa ridícula en el rostro que acobija el bochorno interno, no, tu te sabes pendejo y tu quijada te delata abiertamente, esperas parado con tus zapatos viejos y las uñas sucias la entrada a tu pequeño infierno, aun así, sientes la acelerada y colérica farsa de tus latidos mas distraída que nunca...
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1 comentario:
creo haber encontrado algunos errores pero nada por lo cual perderías fans. al contrario, creo diríamos 'ese es mi diego, poniendo errores aqui y ahi pa hacernos sentir menos pendejos porque no escribimos tan chingon como el' :P
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