Conté tres mosquitos en la noche, merodeando mi cama, primero cerca de mis cachetes, luego por mis senos desnudos, terminaron atacando mis gluteos desprotegidos. El sueño era mayor que la molestia así que no tuve problema para dormir. Ni cuenta me dí cuando dejaron de estar ahí.
Conté dos alas al voltear a verme la espalda. Conté dos moscas volando a mi lado. La conversación se daba por los sonidos producidos por las alas. Yo era la felicidad. La de la izquierda era amor y a la derecha la pasión. Eramos como los pilares de cualquier situación. No por ser felicidad me sentía feliz, pero sí entendía completamente lo que era, la necesidad, el beneficio, el daño... volando mezclabamos lo que comprendíamos; volando nos íbamos liberando del gran peso que es el comprender algo pero no obtenerlo...
No fue trabajo fácil pues cuando completé mi misión me convertí en la compañera de a un lado, y luego en la otra.
No había puesto atención, volabamos sobre cabezas, siempre diferentes, en lugares diversos.
En cierto momento, siendo amor reconocí mi propia cabeza, entonces comprendí que había que complementarse con aquellos que no entienden el amor pero que lo pueden obtener o lo han tenido.
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